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LA MUJER NO ENVEJECE, SE PASA A RUBIA

LA MUJER NO ENVEJECE, SE PASA A RUBIA

Yo fui precursora de las mechas californianas. Lo que pasa es que por aquel entonces lo llamábamos “tener raíz” y no supe sacarle partido. Ahora, casi 30 años después, pienso que me adelante a mi tiempo. ¡Que idiota! Podía haber sido trendign topic y tal vez haberme convertido en la primera influencer de la historia.

Recuerdo cuando mis amigas me criticaban porque nunca tenía tiempo de ir a la pelu. Yo admitía estoicamente las críticas, y más siendo una periodista especializada en belleza, que tenía a su alcance las mejores peluquerías de Madrid, y además gratis. Pero no era una cuestión financiera, sino de mala organización.  Intentaba alargar el tinte varios meses hasta que llegaba a mi tope, 3 o 4 centímetros que fueron reduciéndose a medida que me aparecieron las primeras canas.  Conclusión: Lo que antes nos parecía un horror, ahora es moda. Para qué pagar, o perder 2 horas de media, si con estar un año sin ir a la peluquería consigues “las auténticas y genuinas mechas californianas”.

Si echamos la vista atrás, el mundo beauty ha cambiado muchísimo en el último medio siglo. Y, en cuestiones de cabello, los cambios han sido sorprendentes. Para nuestra generación, la única función del “darse el tinte” era la de camuflar las canas, pero hoy en día el color del pelo ha pasado a ser un complemento más de moda, lúdico y caprichoso, que consigue transformar la imagen en tiempo récord. ¡Qué levante la mano quien tenga el pelo virgen!

En los años 50 se puso de moda la coloración del cabello., Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor o Sofía Loren marcaron tendencia y sus onduladas melenas se convirtieron en míticas; todas las mujeres querían tener ese color rubio platino, negro azabache o castaño chocolate, respectivamente. Pero en aquellos años, todavía estaba mal visto renegar de lo que Dios te había otorgado. Sólo las estrellas de cine y las putas (como decía mi abuela) se teñían el cabello.

Con la liberación de los 70, llegaron las mechas contemporáneas. El movimiento hippie rompió con clichés y estereotipos burgueses dando rienda suelta a la imaginación. Pronto la tendencia se globalizó y llegó a España para espanto de nuestras madres.

Color Studio, bares de color, chefs coloristas… en los últimos tiempos los salones de peluquería más relevantes han ido “robando” metros cuadrados a las zonas de lavado y peinado para cedérselo a estas nuevas áreas de coloración, en las que expertos coloristas son capaces de jugar con los pigmentos de color y dominan las técnicas más innovadoras de aplicación. Y no es una exageración, si pensamos que es difícil encontrar un cabello no coloreado a partir de los 17 años. El 76% de las mujeres mayores de 40 años nos teñimos el cabello habitualmente (hace 10 años el porcentaje no llegaba a un 50%) y, en cuanto al tipo de coloración preferida, el 86% de nosotras se decide por coloraciones permanentes, mientras que sólo un 14% lo hace por tintes semipermanentes, barros, hennas o coloraciones fugaces y alternativas. Lo más interesante de todo, y ahí quería llegar: 2 de cada 3 nos decidimos por el rubio o tonalidades claras.

Los caballeros las prefieren rubias…

La autora estadounidense Anita Loos ya hablaba en 1925 en su icónica novela “Los caballeros las prefieren rubias” (luego llevada al cine por Howard Hawks y protagonizada por Marilyn Monroe) la atracción que ejerce en el género masculino las cabelleras centelleantes. Más allá de las filias y los tópicos, la afirmación adquiere significado hoy más que nunca. Según los expertos, la fascinación por este color se debe a que es un tono poco habitual en España. Yo lo achaco más a razones culturales, educacionales, sociales… Nos han metido por los ojos a “Ricitos de Oro”, “La bella Durmiente”, “La Cenicienta” y, a excepción de “Blancanieves”, que por narices tenía que ser morena para destacar su blanca piel, todos nuestros referentes desde la más cándida infancia han lucido rubias como sinónimo de feminidad, bondad y pureza. ¿Quién se llevaba al príncipe? La rubia. ¡Así es la vida!

En otra onda, el cine, la música, las revistas y la publicidad están colmados de arquetipos con cabellos de oro. Desde la ya mencionada Marilyn a Grace Kelly, Madonna, Farrah Fawcet, Kim Basinger, Sharon Stone… Históricamente el rubio también ha estado ligado al poder, al glamour y a la sensualidad. Pero no es éxito todo lo que reluce. Las rubias, igual que los estigmatizados habitantes de Lepe, cargan con un estereotipo de tontas que, leyenda o no, la sabiduría popular se ha encargado de promover, comentarios del tipo “¿Cómo se consigue hacer reír a una rubia el sábado?, contándole el chiste el miércoles” o “¿Que entiende una rubia por sexo seguro?, cerrar la puerta del coche, son habituales en reuniones y celebraciones. 

Con más o con menos neuronas, el rubio nos gusta. Y no sólo a las españolas de la generación X, también a los profesionales del cabello. Hace poco mi gurú del color sentenció: “Las mujeres no envejecen, se pasan a rubias” y acto seguido, sin dejarme ni tan siquiera meditar lo que acababa de escuchar me suelta:  … “pero ser rubia sale caro”. Indagando, pensando y profundizando (ahora con poder de reacción), puedo afirmar que, efectivamente, las rubias parecemos más jóvenes; los rasgos se dulcifican y la luz que aportan los tonos claros a la piel iluminan y aniñan los rasgos. Y efectivamente, comercialmente las rubias somos más rentables. ¿La razón? Presumir de rubio conlleva unos cuidados extra, sobre todo, si queremos lucir una melena de “Ángel de Charlie”.