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La dieta del optimismo o por qué el triptófano nos puede ayudar a estar mejor

La dieta del optimismo o por qué el triptófano nos puede ayudar a estar mejor

Manuel López Nuevo, farmacéutico  director de MI Comunicación, es uno de los especialistas que Vogue.es ha elegido para hablar del TRIPTÓFANO, una sustancia casi “mágica” conocida como el aminoácido del optimismo y del buen humor, que se “bebe y se come”.

TRIPTÓFANO

Así se llama el aminoácido más optimista, un aliado de las hormonas del bienestar que se obtiene a través de la dieta. ¿Se puede comer felicidad?

¿Comer felicidad? Sí, se puede, porque el estado de ánimo, el buen humor, el optimismo, no solo dependen de nuestra actitud, de buscar el lado positivo de las cosas. No, hay un pequeño mensajero que lleva buenas noticias a todas las células del organismo, que les da ese chute de energía. Se llama triptófano (y se come y se bebe).

¿Qué es el triptófano?

«Un aminoácido esencial, que el organismo no sintetiza de forma natural, sino que lo obtenemos a través de la dieta. Al ingerir alimentos que los contienen, el organismo lo transforma en un mensajero que despierta la serotonina, esa hermosa hormona que está involucrada directamente en la regulación del sueño y los estados de ánimo, que acentúa el buen humor y es capaz de relativizar la ansiedad, los malos rollos y apaciguar el estrés”, explica Manuel López Nuevo, farmacéutico, especializado en comunicación de salud y bien estar y director de MI Comunicación.

¿Por qué le llaman el aminoácido del buen humor y el optimismo?

“Se ha demostrado que su déficit está directamente relacionado con los episodios de insomnio, ansiedad y nerviosismo. Sin embargo, cuando tomamos la cantidad necesaria, a pesar de los contratiempos, él se encarga de sintetizar melatonina, la hormona que nos hace distinguir el día de la noche y nos induce a soñar o a despertar de manera natural, y serotonina, compañera de viaje del relax y enemiga acérrima de los excesos de cortisol, una sustancia malévola cuando está en exceso ya que dispara el estrés y la ansiedad».

¿Que cantidad hay que tomar al día? 

«Depende de la complexión de cada persona, pero lo normal es ingerir alrededor de 250 mgr. al día, dosis que se puede incrementar, o tomar a través de un suplemento alimenticio, en momentos de ansiedad y tristeza, ya que activa la serotonina, que relaja y calma», alega Manuel López Nuevo. Si se tienen dudas, lo ideal es consultar con el farmacéutico o el médico de cabecera.

¿Tiene alguna contraindicación el triptófano suplementario?

“Dosis adecuadas, no suele dar efectos secundarios adversos, o en todo caso leves problemas gastrointestinales como diarreas, vómitos o dolor estomacal», explica el experto, de ahí que sea muy importante preguntar a los especialistas antes de lanzarse a tomar triptófano suplementario.

En caso de sobredosificación, y principalmente si se ingieren junto a otros componentes que aumenten la liberación y síntesis de la serotonina, podemos encontrar cuadros que cursan con fiebre, sudoración, arritmias,…En general, está contraindicado en patologías hepáticas, de riñón y eosinofilia (altos niveles de glóbulos blancos) así como durante el embarazo y la lactancia”, concluye el farmacéutico.

¿Qué otros  oligoelementos actúan en sinergia con el triptófano?

“Todas las sustancias que actúan en la síntesis y liberación de serotonina y otros elementos de interés como el Magnesio, la vitamina B6 ó la melatonina”, aclara el experto.

¿Se puede comer la felicidad?

“Por supuesto», explica el chef Paco Roncero, alma máter de La Terraza del Casino. Está demostrado científicamente que la serotonina y las demás  endorfinas son las sustancias clave para generar sensaciones de felicidad y bienestar. El cuerpo humano los sintetiza por sí mismo las hormonas del bienestar, pero se puede estimular la producción natural de estas sustancias a través de algunos nutrientes que se absorben a partir de lo que comemos.

¿Qué alimentos son los que más levantan el ánimo?

“El  queso, la carne magra, el pescado, las legumbres y las nueces son ricos en triptófano, el despertador  de la serotonina”, comenta el cocinero. “Otros como los cítricos, la piña, el plátano son ricos en minerales y vitaminas, como el magnesio y la vitamina B6, que actúan en sinergia con el triptófano activando la serotonina, pero además, ayudan a combatir la fatiga e inducen al descanso”.

¿Chocolate: onzas de buen rollo?

Sí, no hay que inflarse a tomar chocolate, pero sus beneficios como generador de felicidad son conocidos desde hace milenios por los pueblos precolombinos (fue Colón quien introdujo el cacao en Europa).

“El azúcar predispone al organismo a  absorber triptófano, aumentando así el nivel de serotonina en el cerebro, además del contenido en cafeína y de la feniletilamina, un derivado de la fermentación de los granos de cacao, que también eleva el nivel de azúcar en sangre y tiene un efecto excitante, estimulante.  Además, unido a las proteínas de la leche, el chocolate proporciona exorfina, un analgésico natural, y teobromina, una sustancia similar a la cafeína, que potencia aún más el rendimiento y estimula la circulación», explica el chef.

En definitiva, un gran cóctel. Así que nada mejor que una onza de chocolate antes de ir a dormir o para sobrellevar esos momentos de bajón. Su acción es rápida y muy satisfactoria, eso sí, sin pasarse, que luego la báscula nos pesará más de la cuenta.

¿Y aceitunas con el aperitivo?

En España tenemos un tesoro muy, muy rico en triptófano… y más cosas. Pequeños chutes de felicidad que acompañados por un buen vino tinto (también si pasarse en la dosis) aseguran un aporte de magnesio, que activa el sistema parasimpático, relaja y ayuda a desactivar la adrenalina; calcio, que más allá de mantener los huesos en forma, regula los neurotransmisores y ayuda al cerebro a producir melatonina. Además, aportan vitamina B6, perfecta para defenestrar la depresión y los bajones de ánimo.

Son saciantes, ayudan a quemar grasas gracias a su alto contenido en adiponectina, combaten las arrugas hasta un 20% por su composición en ácido oleico y vitamina E, facilitan la digestión, mejoran la memoria en un 25% y sus grasas son de esas que le sientan bien al corazón. Así que para aperitivear, mejor olivas que patatas fritas.

Artículo disponible en Vogue.es