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ECOBIOLOGÍA, LA COSMÉTICA QUE HABLA CON LA PIEL

Biomimética, activos puros, microbioma, moléculas chaperonas, adaptación al medio,….son algunos de los puntos fuertes de la ecobiología cosmética, una forma revolucionaria de afrontar el envejecimiento y la belleza de la piel.

“Cuando la piel sufre, no solo hay que tratarla, hay que enseñarla a funcionar correctamente” esta premisa acuñada hace más de 40 años por Jean –Noël Thorel, farmacéutico-biólogo y fundador de NAOS (laboratorios que integran las marcas Institut Esthederm, Bioderma y Etat Pure), tiraba por tierra el concepto establecido hasta entonces en el sector de la belleza, “que se limitaba a embellecer superficialmente a las mujeres”, alumbrando una nueva idea, rompedora y a la vez respetuosa: la ecobiología cosmética o el arte de preservar el ecosistema cutáneo potenciando sus mecanismos biológicos naturales. “En vez de sobretratarse, la piel debe aprender a evolucionar y funcionar bien inmersa en el hábitat en el que le toca vivir” un slogan que guarda la esencia de esta ciencia que simplifica al extremo los rituales de belleza, pero apoyándose en un I+D+I vanguardista. 

Todo comenzó a gestarse en la infancia de este científico, curioso, emprendedor y con una gran formación humanística, cuando no podía disfrutar junto a los demás niños de la playa ni de los juegos al aire libre porque su piel frágil y poco dotada frente los rayos UV no se lo permitía. De hecho, su primera inquietud profesional fue formular un protector que ayudara a las personas con intolerancias solares (fototoxias y fotoalergias) a disfrutar del sol sin consecuencias nefastas. Así nació  en 1977, el BBR o Bronceado Biológico Rápido, un fotoprotector que ayuda a la piel a broncearse más rápidamente y defenderse de forma natural frente al astro rey. Esta fórmula permanece presente en la línea solar de Institut Esthederm, la primera marca nacida bajo los preceptos de la ecobiología, aunque por aquel entonces los pilares de este enfoque cosmético no estaban aún tan nítidamente definidos como hoy en día y la corriente “bio” estaba aún por venir.

En la actualidad, la ecobiología se ha convertido en una disciplina mucho más holística y multidisciplinar, con la intención de trasladar el concepto de ecosistema cutáneo a la salud, belleza y bienestar no solo de la piel, sino de la persona entendida como un todo. Una filosofía científica que busca soluciones expresadas en una cosmética que antepone la prevención, la protección y la búsqueda del equilibrio biológico y natural de las células y se  centra en abordar las causas que originan los problemas en vez de tratar solo de compensar o enmascarar sus consecuencias. Es decir, no sólo incidir en las huellas del envejecimiento como las arrugas, la flacidez o el deterioro físico, sino afrontarlos desde una perspectiva que lo retrase de una manera natural. De ahí que la ecobiología sea ahora una disciplina que se asocia con investigación avanzada en biología, neurología, dermocosmetología, física cuántica  y las corrientes holísticas que apuestan por la evolución y el desarrollo humano y emocional, y que aspira a convertirse en una ciencia que sirva a los seres vivos, a la Naturaleza y a las personas.

¿En qué se traduce este enfoque en el campo de los cuidados cutáneos?


¿ “La ecobiología, afirma Jean Noël Thorel, se basa en la premisa de que la piel es un ecosistema en constante evolución que interactúa con el entorno ambiental en el que se desenvuelve (clima, alimentación, tipo de trabajo, emociones…) y cuyos recursos deben preservarse por medio de la adaptación de los mecanismos naturales fisiológicos y biológicos cutáneos, para ello se estructura en seis principios básicos”. Uno,  formular cosméticos exentos de contaminantes y sustancias químicas ajenas al ecosistema de la piel, como los disruptores hormonales, incluso el agua que se utiliza debe ser pura. Dos, crear productos que ayuden a la piel a adaptarse al entorno con el que tienen que interactuar. Tres, respetar la evolución natural de la piel, proporcionándole en cada momento las sustancias que necesita que para favorecer su equilibrio funcional. Cuatro, no sobretratar el tejido cutáneo con principios activos que no necesita, sino actuar en las causas de las disfunciones en lugar de extenderse compensando sus efectos. Cinco, la piel refleja el equilibrio interno del resto del organismo y hay que actuar estimulando las funciones metabólicas celulares y  hacerlo con constancia. Seis, la epidermis solo necesita lo que le sirve para su funcionamiento natural, lo que supone que hay que aplicar solo los ingredientes precisos en la dosis adecuada. En resumen, las fórmulas ecobiológicas proponen productos con absoluta transparencia cosmética, a base de principios activos puros, evitando el uso de sustancias tóxicas ajenas a los procesos biológicos de los tejidos cutáneos con el fin de enseñar a la piel a autoprotegerse y que evolucione a favor del medio en el que le toca vivir. Una corriente que cada vez siguen más laboratorios tanto farmacéuticos como dermocosméticos, que buscan eficacia y seguridad e intentan evitar los ingredientes de síntesis y la química industrial para elaborar sus productos. Como Avoca, que defiende que “el hombre, si quiere, encontrará en la Naturaleza los remedios para sus males” y que gracias a sus esfuerzos en investigación en fitoquímica, biología de sistemas (que integra la bioinformática como método de análisis) se ha convertido en una marca pionera en biofarmacología introduciendo el uso de complejos moleculares naturales.


Entre las grandes aportaciones cosméticas de este concepto ecobiológico, caben destacar dos logros: la cosmética biomimética y los principios activos puros. La primera, se formula solo con ingredientes con una afinidad perfecta con la piel, que ejerzan una acción similar a la de sus componentes naturales. “Como los cuidados biomiméticos solo incluyen ingredientes útiles, reconocidos por la piel, respetan totalmente el ecosistema cutáneo; actúan en perfecta sintonía con los componentes propios de la piel y de este modo, no existe ningún riesgo de dañarla o debilitarla, incluso en el caso de las epidermis más sensibles o reactivas”, afirma Briguitte Dréno, presidenta del Departamento de Derma-oncología del Hospital Universitario de Nantes. En cuanto a los principios activos puros, seleccionan las moléculas y los extractos vegetales más eficaces para tratar los problemas más frecuentes: sequedad, sensibilidad, acné, manchas, signos de la edad…. Se trata de ingredientes cosméticos formulados en su forma más pura, estable, eficaz y biodisponible, capaces de penetrar en las capas más profundas de piel y cuya misión es ir a lo esencial, hacer diana en su objetivo. “Como alternativa a las fórmulas complejas, a los efectos dispersos, los activos puros permiten focalizarse en un problema y responder al mismo directamente, ya que cada activo está concentrado en su dosis óptima y asociado a un sistema de difusión único que le permite actuar donde la piel lo necesita”, afirma la dermatóloga. Ácido hialurónico, Resveratrol, Pantenol, Aloe vera, ácido salicílico, ácido cítrico….son algunos de los activos más buscados para ayudar a la piel a encontrar su equilibrio. ¿Lo mejor? Se pueden utilizar solos o como complemento a las cremas biomiméticas. Eso sí, respetando las dosis indicadas para no saturar a la epidermis con ingredientes que no aprovecha. Este camino “alquimista” de mezclar gotas de activos puros con tratamientos de base según el estado de la piel y el entorno con el que le toca convivir, se ha convertido en una tendencia que llega para quedarse. 

Sin embargo, no cabe duda que la gran protagonista de la cosmética biomimética y ecobiológica es el agua micelar, que fue lanzada al marcado en 1991 por los laboratorios Bioderma bajo el nombre de Sensibio H2O. Toda una revolución en el campo de la higiene cutánea, ya que permitía, gracias a las micelas de su fórmula, –microesferas invisibles que atraen las impurezas como un imán atrae los metales-, desmaquillar y limpiar hasta las pieles más sensibles y reactivas. De hecho, su primer uso no fue el cosmético, sino el médico, ya que los dermatólogos la utilizaban para limpiar y curar las pieles quemadas.